Porque somos jóvenes.

A pesar de una hipoteca asfixiante,
de todos esos fetichismos por cumplir,
del nihilismo que supone verte sonreír,
no somos más que
un entramado
de inconformismo,
belleza,
indecisión,
sociedad,
literatura,
desconocimiento,
poses,
neuronas
y sonrisas.

Seremos mortales
para siempre.
Y cuando lleguemos a viejos
volveremos a sentir
lo que nunca hemos dejado
de ser.

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