No conozco mi castillo.

No conozco las paredes de mi castillo.
Yo no soy dueña de mi castillo.
Tampoco de las ondas
que se forman en el estanque.
No sé cuál es el momento preciso
para bajar el portón.
Yo no soy quien toma
las decisiones de mi castillo.

Yo solo soy arquero
que espera una señal.
Guardián que vigila
por si un ruido.
Cocodrilo que acecha
en el foso de mi memoria.

Ojalá volvieran
las libélulas blancas
de mi infancia.
Ojalá el grito amenazador de mi madre
bailando desconsolado
en los jardines de mis manos.

Me cuesta reconocer el material
del que está hecho mi castillo.

¿Es ésta la pieza de protección
que encajó mi hermano
o la infortuita desconfianza
que mi padre acimentó?

¿Es ciertamente mío
este castillo?

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