Seat panda…

Dos muchachos éramos
mi hermano y yo
cuando mi padre
nos metió en el coche
y nos llevó a la calle
que hacía esquina.

Nos contó un secreto
y nos dijo que nada
debía salir
de aquel seat panda
negro
sucio
roto
nuestro.

Recuerdo sus manos
aún manchadas de cemento
gesticulando el secreto.
Recuerdo a mi hermano
con cara de serio
respetando
responsable
hombre.
Recuerdo el coche
allí mismo
abandonado
meses
años
con el secreto dentro.

Una grúa
lo recogió un día

se llevó el secreto
de mi memoria.

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